Los zapatos nuevos del emperador

Publicado: abril 9, 2007 en POESÍA JASS

Daría mi alma por un par de zapatos nuevos

Y es que llueve, está lloviendo desde las tres de la tarde y no falta mucho para que amanezca.

Los charcos son del tamaño de una sala de espera, grandes o pequeños, te sientas sobre ellos y el mundo se hace más chiquito, los relojes más grandes, los zapatos del resto de los pacientes crecen y crecen, cada detalle abruma: los cordones, las suelas, el brillo opaco de sus lenguas, los calcetines ropa interior deshilachada y fuera de cobertura.

Los míos están rotos en la línea de flotación, quebradas pateras con el suelo cubierto de envolturas de dulces y preservativos de manufactura china.

Parado sobre la mancha amarilla, docenas de perros orinando sobre la pernera de mis pantalones, parece que estoy haciendo aguas, que tengo una fuga en la planta de los pies.

He olvidado las llaves de casa, he olvidado el celular y no tengo un quinto para llamar por teléfono a nadie, no hay nadie a quien pueda llamar por teléfono, no hay teléfonos en esta cuadra donde solo habitan especies somnolientas de huachinangos.

Estoy a punto de quebrarme, pero la redundancia de echarse a llorar mientras chaparrea me hace renunciar de esta saludable asimilación de la derrota.

Mear o beber se me hacen igual de patéticos.

Pensar en encender un cigarrillo me hace sonreir.

Esperar que deje de llover es la única opción.

Esperar que deje de llover antes de que el charco sobre el que estoy detenido me devore es una especie de plegaria.

Esperar que suba la marea

Esperar que el faro de la tiendita de abarrotes de la esquina no se extinga.

Esperar que alguien acepte mi alma a cambio de un par de zapatos nuevos

comentarios
  1. el tio nasty dice:

    está in-cre-i-ble

    simplemente fantásticio…..

    ¿y luego?

  2. Erektor dice:

    Cuando llueve es mejor quedarse dentro, ya sea de casa o dentro de uno mismo. Cuando el agua llega hasta los tobillos y los dedos se arrugan como viejitos hay que contarles cuentos para que no envejezcan tristes y solos. Zapatos van zapatos vienen, pero lagrimas y charcos se quedan para siempre.
    Te mando una lagrimita.

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