CUENTO CONTEMPORANEO

Publicado: junio 4, 2008 en POESÍA JASS

Érase una vez que se era, un lugar sencillo donde se podían tirar las redes y recogerlas al día siguiente hinchadas de botellas de esas con mensajes enrollados -chachi que sí- decía uno, –me molas cantidad- otro con letra orgullosamente correcta de chaval entusiasmado de 16 años.

También había botellas vacías, que cuando las descorchabas salía un grito o una carcajada, al principio daba algo de miedo, pero luego te acostumbras y sabes que es alguien que tenía prisa o no tiene buena letra o simplemente que lo que siente es así de sencillo, sin palabras: un grito o una carcajada.

En otras botellas todavía uno podía encontrar algo de vino, si era Rioja los peces aplaudían y bailaban jotas alrededor de la botella, si era Ribera, otro gallo cantaba, cangrejos tik tikeando sus pinzas miraban de soslayo y se regresaban a sus casitas de coral con tejado a dos aguas a escribir un par de poemas.

En este lugar sencillo, las cosas no eran tan sencillas, vivía el hijo descosido de un zapatero, los dientes sin lustrar y las manos grandes y con agujeros redondos en la palma de los dedos, no podía tocar la lluvia porque pasaba de largo y se atarantaban entre las nalgas, pezones, coñitos suaves de otras niñas de su mismo cole.

No tenía remedio, decían sus papás, no tenía remedio, decía el también: descosía calacas y trenzaba horizontes, pero no podía tocarle las tetas a una niña sin dejar un hueco enorme entre los dedos y las ganas de la susodicha.

También estaba, recién llegada de otro cuento, la niña Bego (buena), esa sí que lo tenía claro: no hay dolor que no se pueda domar como a un caballo.

Esta niña (buena), tenía siempre zapatos nuevos enfriándose en la segunda estantería de la nevera, decía que así, caminar sabe más rico, porque no se te calientan los dedos de los pies.

Bego (buena), sí sabe de cuentos, ya tiene dos, y apenas está empezando, tiene él de cuando salió de la espuma poniendo a bailar a los niños monocromos y este, que apenas se está poniendo los moños.

La verdadera razón de este cuento es tener una excusa para que la niña (buena) se duerma… Y ella acaba de montar en su carro para desandar las legañas de su cansancio, yo escribo este cuento sin que ella lo sepa, pero cuando se meta a la cama, se lo voy a leer tan suave que ni cuenta se va a dar, y se va a dormir y seguro que hoy no sueña con cocineros ni anuncios extraviados en el culo de una revista; hoy la Bego (buena) tiene que soñar, aunque sea de lejos, con los dedos agujereados del hijo del zapatero.

comentarios
  1. Debe ser el día nublado, algo así, pero me gustó, pensar que cuando duermo, solo está la lluvia contandome otras cosas, pegando en la ventana. demonios.

    Saludos

    Esto está bien bien chido

  2. Mahari dice:

    ¿Quién es el autor?

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