CUENTO CUENTOS

Publicado: octubre 1, 2008 en POESÍA JASS
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Érase una vez, en un país pegado al mar, con puerto, con faro, con arrecifes de coral… pero qué creen, el mar de este país no tenia olas, ni una sola ola, ni pequeña, ni siquiera cuando tirabas una piedra o saltaba una sardina salían ondas.

 

Se puede pensar que este hecho carece de importancia, pero si profundizamos en el alcance de semejante evento, nos daremos cuenta que sin olas no hay espuma y sin espuma no puede salir la meiga de la espuma, y sin meiga de la espuma pues la ternura se queda escondida en el profundo azul abisal donde vive el calamar y se reproduce a duras penas el caballito de mar.

 

Porque la meiga de la espuma es una niña con coletas, con dientes relucientes de perla, con ojillos titilantes de cascada boreal, con la boca suave y tierna como la panza de un calamar.

 

La meiga de la espuma aparece por las noches todo el año y algunas mañanas de enero, con percebes/ cascabeles en su sombrero, con canicas de sal en el bolsillo, juega y salta y baila, siempre sobre la lengua de la playa y se acerca de puntillas a las casas de los pescadores a dejarles debajo de la almohada escamas de ternura, con las que sin que se den cuenta se forja toda la ternura de la casa, mucho de amor y toda la felicidad.

 

Así los niños de las casas donde hay escamas  de ternura debajo de las almohadas, tienen sueños bonitos y se despiertan sonriendo y le dicen a sus mamas que han soñado con el mar. Los papas se besan sin motivo y se dan pellizcos en el culo buscando complicidad. Los abuelos recuerdan cuando eran niños y cuentan cuentos por las noches y buscan la boca de la abuela y también la pellizcan y la soban la barriga debajo de las mantas…

 

Así como te cuento, la meiga de la espuma es de vital importancia para la supervivencia emocional, el crecimiento integral y la reproducción en los países que viven junto al mar.

 

En este país, quién sabe por qué, las olas se marcharon, se olvidaron, se durmieron y no despertaron, el caso es que sin olas no hay espuma, sin espuma no hay meiga y sin meiga falta la ternura.

 

Lolo, que era el farero estaba muy triste por esta serie de acontecimientos, y un día después de darle muchas vueltas, se le ocurrió una idea genial: traería de vuelta a las olas, cueste lo que cueste, el era farero de toda la vida, y le entristecía sobremanera subirse a lo mas alto del faro a fumar su cigarro de todas las noches y no ver corretear a la meiga de la espuma.

 

-¡Tengo un plan!- murmuró Lolo entredientes, dándole vueltas al cigarro liado de raspadura que humeaba estornudos pegado al labio.

 

Lolo tenía un plan, no era un buen plan, ni un plan infalible, pero a veces con tener un plan es suficiente.

 

Lolo, subió el gas de la lámpara a todo lo que da, el chorro de luz que desprendía el faro era cegador, parecía que amanecía por donde pasaba. Y llegaba tan lejos que se perdía a la vista.

 

Esto provoco altercados en los confines del océano, ballenas, delfines y tiburones no podían pegar ojo, desvelados y deslumbrados por el ir y venir de los flashes-fareos. Incluso varios sindicatos de cangrejos y un grupo feminista de sepias expresaron ruidosamente su desaprobación e incomodidad ante este hecho extraño y extremo que desbarataba cualquier intento por reconciliar el sueño.

 

Poco a poco, noche a noche se fueron acercando a las inmediaciones del faro todos y cada uno de los afectados. Cuando estuvieron todos reunidos, Lolo, apago súbitamente la candela y todo quedó a oscuras, negro como los grillos, el mar se cubrió de un edredón de sombras.

 

Los afectados, aplaudieron, bufaron, suspiraron aliviados y fue tanto el barullo y el jaleo que la muchedumbre provocó, que onditas tibias de agua salada se fueron acercando tímidas a la orilla de la playa, cada vez más grandes, cada vez mas anchas, cada vez más frecuentes, y así se empezó a llenar toda la playa de olas, que suben y que bajan y dan forma a las mareas.

 

Con las olas llegó la espuma, espuma ligera como la de una caña de cerveza bien tirada en el bar de La Estrella.

 

Con la espuma llegó la meiga, asomó la nariz entre dos olas, se aseguró de que hubiera suficiente espuma, sacó las orejas, camino hacia la playa, se sacudió las coletas, sonrió, se alisto la falda de tablas y corrió pizpireta reconociendo los rincones del país con mar que hacía tanto tiempo que no visitaba.

 

Se acerco a las primeras casas y fue dejando escamitas debajo de las almohadas… luego a las que estaban más alejadas, corriendo corriendo apuró las pocas horas de la noche que la quedaban y visitó, una por una todas las casas del país con mar de esta historia.

 

Lolo encendió su cigarro de raspadura sonriendo satisfecho, alzó una ceja y se sentó en su hamaca de red, acarició a la cachorra negra de labrador que llamaba Meiga, en honor de la meiga de la espuma, siempre le acompañaba y esperó a que amaneciera para confirmar el éxito de su estrategia.

 

Y desde ese día, todos vivieron felices, algunos comieron perdices y Lolo ya pudo volver a disfrutar del mar.

 

Colorín colorado… este cuento apenas ha empezado

comentarios
  1. Sra Xoc dice:

    Precioso! Cuándo la próxima entrega?
    Saludos desde la panza de un calamar.

  2. julito dice:

    me parese muy interesante y ante todo creativo

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