NOSTALGIA DE B.

Publicado: marzo 18, 2009 en POESÍA JASS

 

B. se despierta en varios tiempos, uno para contar el último sueño,  otro para sonreír con los ojos cerrados y dejarse besar, otro para abrir los ojos y preguntar la hora.

 

Puedes encontrarte con B. en cualquiera de estos estados y puedes empezar a besarla sólo después de que haya contado su último sueño.

 

B. duerme desnuda, es la única regla que cumple a rajatabla, ni ella ni nadie que duerma junto a ella, puede llevar una sola prenda encima.

 

Esto hace que las mañanas sean un poco más complicadas, no son más difíciles, son sólo un poco más complicadas; se requiere de una voluntad de hierro para no lamerla, hurgarla, follarla, sin siquiera sacarte las legañas de la cara.

 

Yo cada mañana la beso suave en el brazo, espero que sonría, y entonces ya se que puedo besarla en los labios. Se que hay días que con eso es suficiente, otros, no podría describir cuales son los indicios que le indican a mi instinto que puedo arriesgarme a roerla los pezones, o despeinar la suave melena de su coño, pasear el dedo corazón por el arroyo de sus nalgas o morderla en el cuello y susurrarla que me gustaría comerla todo, y cuando digo todo, es todo, hasta las sobras.

 

Lo mejor que puede pasar es que B. no abra los ojos, que yo entre suavemente dentro de vientre, mientras la susurro como a un potrillo nervioso: -tssssssssshhhh, no abras los ojos..-

 

Moverme lentamente para no deshilar ni un solo pespunte de su sueño, chupo su cuello, le beso los párpados, mantengo su duermevela como el que mantiene intacto el fuego para que no pierdan el rumbo los barcos frente a la costa da morte.

 

Podría quedarme inmóvil durante horas dentro de B. cuando esta dormida, solo moverme para remarcar mi presencia dentro de su entraña, ajustar la mira, desperezar con suaves empellones el fondo de su alma, y regresar lentamente al estado de espera, como un gato escondido detrás de una maceta acechando a los jilgueros cuando se acercan con saltitos a llenar su buche con miguitas de pan duro.

 

A estás alturas, B. ya está despierta, pero juega a cerrar los ojos.

 

Yo juego a no despertarla, ella no hace mucho ruido, pasamos la mañana enredados, y olvidamos por unas horas que el mundo sigue igual de torcido.

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