Laisse-moi devenir l’ombre de ton chien

Publicado: julio 28, 2009 en POESÍA JASS

Y llega un día, siempre llega, en el que te das cuenta que no eres más que un hombre y ese día, y durante un tiempo (mientras te acostumbras a la nueva condición), caminas más deprisa, evitas mirar fijamente a las personas, enciendes la televisión y cambias de canal durante horas.
Miras a tu mujer como si fuera un milagro, te acuerdas de los padres, de los vecinos, de los compañeros del curro y de los amigos de cuando pensabas que eras más que un hombre, y ellos también lo pensaban y tú también lo pensabas de ellos (no de todos, pero sí de alguno).
Relees los cuadernos de poemas que certificaban, de tu puño y letra, el brillo de la buena estrella; un temblor, que nace en el lugar donde hace años llevabas una larga cola de lagarto, lame la espalda hasta las primeras durezas del occipital.
Las manos ya no son armas cargadas de metáforas, ni siquiera sabrían cambiar un pañal, un puñal, no recuerdan cómo era eso de rotar en espiral en la jungla de un coño hasta tocar la nuez del éxtasis.
Miras a tu mujer (si tienes la suerte de conservarla a estas alturas) y piensas que es un milagro que siga a tu lado.

Y llega un día en el que te das cuenta que los demás no son más que hombres y mujeres. Y miras a tu mujer, y sonríes, porque ya sabes, que ella no es más un milagro.

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