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Publicado: octubre 13, 2009 en POESÍA JASS

Concentrados en el sonido olvidamos el labio, el corte transversal que separa la mueca del espanto, el dolor de la excitación, el feroz aumento de la ternura y las abejas que anidan en el bolsillo de la lengua.
Desamparados, frente a la puerta de un aeropuerto, de un hotel, de una casa donde ya no viviremos más, desahuciados. La estruendosa lucidez del traspiés, caminar de puntillas es una manera sutil de acercarse al hueco mondo y lirondo, al zero más navajero y absoluto.
Suponer que el odio es una expresión estupefacta del silencio, una versión original subtitulada del micelio que teje y desteje los contratos que nunca cumplimos: el de amar para siempre, el de madrugar para buscar trabajo, el de ser un buen tipo a partir de mañana. No es posible, la voluntad es una sierra que se alimenta de la sustancia sinovial de las rodillas, mas voluntad, mas hincados, mas voluntad, mas hincados, así hasta dejar los dientes en los zapatos del prójimo.
Tengo este hotel, enfrente, tengo este aeropuerto a la espalda, tengo una canción girando como goma de mascar detrás de los ojos, el ruido no es siempre de la misma calidad, el ruido de mejor calidad siempre está ligado a las cosas que mugen o duelen, rugen o se astillan, cuando algo se astilla el ruido se extiende y se contrae como los cuernos de los caracoles. Ruido retráctil para dolores retráctiles, para voluntades retráctiles.
¿esto es zero?
R. dice que no existe, pero yo lo estoy escuchando. Y suena como un lapicero atravesando el tímpano. Cruje.

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